jueves, marzo 20, 2008

La crisis del Hijo del Hombre

Leonardo Boff
teólogo brasileño

La interpretación teológica de la muerte de Jesús en la cruz, como sacrificio por nuestros pecados, nos hace olvidar demasiado apresuradamente los reales motivos históricos que lo llevaron al tribunal religioso y político y finalmente al asesinato en la cruz. Cristo no fue simplemente la dulce y mansa figura de Nazaret. Fue alguien que usó palabras duras, no rehuyó polémicas y para defender la sacralidad del templo, usó también la violencia física. El contexto de su vida, como las investigaciones recientes han mostrado, es común al de los campesinos y artesanos mediterráneos, que vivían una resistencia radical pero no violenta contra el desarrollo urbano de Herodes Antipas y el comercialismo rural de Roma, impuesto en la Baja Galilea —tierra de Jesús— y que empobrecía a toda la población. Predicó un mensaje que supuso una crisis radical para la situación política y religiosa de la época. Anunció el Reino de Dios en oposición al reino de César y, en vez de la ley, el amor.

El Reino de Dios presenta dos dimensiones, una política y otra religiosa. La política, se oponía al Reino de César en Roma, que se entendía hijo de Dios, Dios y Dios de Dios, los mismos títulos que los cristianos van a atribuir más tarde a Jesús. Tal atribución a Jesús era intolerable para un judío piadoso y un crimen de lesa majestad para un romano. La otra dimensión, la religiosa, se llamaba apocalíptica y significaba que entre las perversidades del mundo se esperaba la intervención de Dios y la inauguración de un Reino de justicia y de paz. Jesús se afilia a esta corriente. Con una diferencia solamente: el Reino es un proceso que apenas ha comenzado, y se va se realizando a medida que las personas cambian sus mentes y sus corazones. Sólo al término de la historia ocurrirá el gran cambio, con un nuevo cielo y una nueva Tierra. Esa eutopía (realidad buena), no la Iglesia, es el proyecto fundamental de Jesús. Él se entiende como aquel que en nombre de Dios va a acelerar semejante proceso.

Esta concepción de Reino puso en crisis a los distintos actores sociales, los publicanos y saduceos, aliados de los romanos, la clase sacerdotal, los guerrilleros zelotas y, principalmente, los fariseos. Éstos son los opositores principales del Hijo del Hombre, pues en vez del amor predicaban la rigidez de la ley; en lugar de un Dios bueno, «Papá» (Abba), un Juez severo. Para Jesús, Dios es un Padre con características de madre misericordiosa.

Jesús hace de esta comprensión el centro de su mensaje. Entiende todo poder como mero servicio. Rechaza las jerarquías porque todos somos hermanos y hermanas, sin maestros ni padres. La crisis que suscitó, llevó a decretar su muerte en la cruz. Jesús entró en una aguda crisis personal, llamada por los estudiosos «la crisis de Galilea». Se siente abandonado por sus seguidores, vislumbra en el horizonte una muerte violenta, como la de los profetas. La tentación del monte Getsemaní alcanza el paroxismo: «Padre aparta de mí este cáliz». Pero también el propósito de soportar todo y de llevar su compromiso hasta el fin. En la cruz grita casi desesperado: «Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Aun así continúa llamándolo «Dios mío». La Epístola a los Hebreos afirma: «entre clamores y lágrimas suplicó a Aquel que lo podía salvar de la muerte». Versiones críticas antiguas dicen «y no fue atendido... a pesar de ser Hijo de Dios tuvo que aprender a obedecer por medio de sufrimientos» (5,7-8).

Su última palabra fue «Padre en tus manos entrego mi espíritu», expresión suprema de una confianza ilimitada. De hecho, Jesús es presentado como el prototipo de persona humana que soportó hasta el fin el fracaso del proyecto de vida, creyendo en un sentido radical incluso dentro del absurdo existencial. La resurrección mostró el acierto de tal actitud. Fue la base para proclamarlo más tarde como Hijo de Dios y Dios encarnado.

miércoles, febrero 20, 2008

La renuncia de Fidel

Frei Betto
religioso dominico

Fidel Castro, de 81 años, renunció a sus funciones de presidente del Consejo de Estado de Cuba y de Comandante en Jefe de la Revolución. Dedicado a cuidar su salud, prefiere mantenerse fuera de las actividades de gobierno y participar en el debate público -que siempre le encantó- a través de sus artículos en los medios. Permanece, sin embargo, como miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba.

El próximo domingo día 24 Raúl Castro, de 77 años, será elegido, por los nuevos diputados de la Asamblea Nacional, para ocupar las funciones de primer mandatario de Cuba.

Es la segunda vez que Fidel renuncia al poder. La primera fue en julio de 1959, siete meses después de la victoria de la Revolución. Elegido primer ministro, chocó con el presidente Manuel Urrutia, que consideró muy radicales las leyes revolucionarias, como la de reforma agraria, promulgadas por el consejo de ministros. Para evitar un golpe de estado, el líder cubano prefirió renunciar. El pueblo salió a las calles apoyándole. Presionado por las manifestaciones, Urrutia no tuvo otra alternativa que dejar el poder. La presidencia fue ocupada por Oswaldo Dorticós, y Fidel volvió a la función de primer ministro.

Estuve en Cuba en enero de este año, para participar en el Encuentro Internacional sobre el Equilibrio del Mundo, a la luz del 155º aniversario del nacimiento de José Martí, figura paradigmática del país. Regresé a mediados de febrero para otra reunión internacional, el Congreso Universiade 2008, en el que participaron varios rectores de universidades brasileñas.

En ambas ocasiones me encontré con Raúl Castro y otros ministros cubanos. Me reuní también con la dirección de la FEU (Federación Estudiantil Universitaria); con estudiantes de la universidad de Ciencias Informáticas; con profesores de nivel básico y medio; y con educadores populares.

Se engaña quien crea que la renuncia de Fidel significa el comienzo del fin del socialismo en Cuba. No hay ningún síntoma de que sectores significativos de la sociedad cubana aspiren a que regrese el capitalismo. Ni siquiera los obispos de la Iglesia Católica. Con excepción de unos pocos, a quienes no les importaría que el futuro de Cuba fuese equivalente al presente de Honduras, Guatemala o Nicaragua. Además, ninguno de los que salieron del país continuó la defensa de los derechos humanos al insertarse en el mundo encantado del consumismo.

Cuba no es reacia a los cambios. El mismo Raúl Castro desencadenó un proceso interno de críticas a la Revolución a través de las organizaciones de masas y de los sectores profesionales. Son más de un millón de sugerencias las analizadas por el gobierno. Los cubanos saben que las dificultades son enormes, pues viven en una cuádruple isla: geográfica; única nación socialista de Occidente; desprovista del apoyo que le daba la Unión Soviética; bloqueada hace más de 40 años por el gobierno de los EE.UU.

A pesar de todo ello el país mereció elogios del papa Juan Pablo II con ocasión de su visita en 1998. En el IDH 2007 de la ONU el Brasil se alegró de figurar en el puesto 70. Los primeros setenta países son considerados los mejores en calidad de vida. Cuba, donde no se paga nada por el derecho universal a la salud y educación, figura en el puesto 51.

El país presenta una tasa de alfabetización del 99.8%; cuenta con 70.594 médicos para una población de 11.2 millones (1 médico por cada 160 habitantes); un índice de mortalidad infantil de 5.3 por cada mil nacidos vivos (en los EE.UU. son 7, y en Brasil 27); 800 mil diplomados en 67 universidades, en las que ingresan cada año 606 mil estudiantes.

Hoy día Cuba mantiene médicos y profesores trabajando en más de 100 países, incluido Brasil, y promueve en toda América Latina la “Operación Milagro”, para curar gratuitamente enfermedades de los ojos, y la campaña de alfabetización “Yo sí puedo”, con resultados que convencieron al presidente Lula a adoptar el método en el Brasil.

Habrá, sí, cambios en Cuba cuando cese el bloqueo de los EE.UU.; cuando sean liberados los cinco cubanos presos injustamente en la Florida por luchar contra el terrorismo; y si la base naval de Guantánamo, utilizada ahora como cárcel clandestina -símbolo mundial del irrespeto a los derechos humanos y civiles- de supuestos terroristas fuera devuelta.

No esperemos, sin embargo, que Cuba quite de las entradas a La Habana dos carteles que nos avergüenzan a nosotros los latinoamericanos, que vivimos en islas de opulencia rodeadas de miseria por todos lados: “Cada año 80 mil niños mueren víctimas de enfermedades evitables, Ninguno de ellos es cubano”. “Esta noche 200 millones de niños dormirán en las calles del mundo. Ninguno es cubano”. (Traducción de J.L.Burguet)