Rodrigo Montoya Rojas
antropólogo y profesor
U. Mayor de San Marcos
Lima
UNO. El 22 de marzo de 1968 en la universidad de Nanterre, situada en la periferie norte de Paris, se inauguró una piscina de lujo muy cerca de un tugurio de gente pobre. Interrumpiendo la ceremonia, Daniel Cohn Bendit y un grupo de estudiantes llamaron la atención de las autoridades sobre la contradicción de mostrar el lujo reservado a los estudiantes y la falta de respeto y consideración por los pobres. En las manifestaciones que siguieron, los estudiantes informaron que en la universidad francesa los hijos de obreros representaban sólo alrededor del 10 % de los alumnos matriculados. Un no rotundo contra los privilegios cobró inusitada fuerza. Nadie tenía idea alguna de lo que comenzaba. Sólo era una protesta más. Los jefes respondieron defendiendo el principio de autoridad y pidieron que la policía reprima a los “revoltosos”. En medio de las protestas se formó el “Movimiento 22 de marzo”, con Cohn Bendit y sus compañeros. Ninguno de sus miembros era militante político de partido alguno; sólo expresaron su descontento, con fuerza y enorme convicción. En
DOS. Todos los estudiantes de Francia protestaron en las calles expresando su solidaridad con los jóvenes de Nanterre y
“Seamos realistas, pidamos lo imposible”, “La imaginación al poder”, “Prohibido prohibir”, “Decretamos el estado de felicidad permanente”, “Nuestra esperanza no puede venir sino de aquellos que en este momento no tienen esperanza”, “Cuando el dedo muestra la luna, el imbécil mira el dedo”, “Un hombre no es estúpido o inteligente; es libre o no lo es”, “Francia para los franceses: ese es un lema fascista”, “Hagamos el amor y no la guerra”, “las barricadas cierran la calle pero abren el camino de la revolución”, “El poder está en las calles”.
La rebeldía estudiantil fue saludada por intelectuales y artistas. Cómo no recordar al filósofo y escritor Jean Paul Sartre, vendiendo en las calles del barrio latino ejemplares del periódico “La cause du peuple”, La causa del pueblo, que él dirigió junto con los estudiantes de Nanterre y de
TRES. En el primer día la protesta fue por el lujo de una piscina; un mes después, con el país en huelga general, se cuestionó el poder, la naturaleza misma de la sociedad francesa de entonces y se produjo un vacío de poder que nadie había previsto El general Charles De Gaulle, héroe de la resistencia francesa con los alemanes de Hitler y presidente de
CUATRO. Las calles habían sido ganadas, la huelga general indefinida estaba en la plenitud de su fuerza, millones de rebeldes se sentían, nos sentíamos, al borde de la victoria. Visible e innegable era el vacío de poder. La gran rebelión tuvo un carácter eminentemente espontáneo. No hubo organización política alguna ni ningún líder capaces de “controlar” el movimiento. Carecía de sentido un “comando bolchevique” con esa pretensión. Se trataba de un estallido general, extraordinario, que liberó las ganas inconscientes de libertad de millones de personas. Una especie de bola de nieve rodando y creciendo a gran velocidad. Porque el fenómeno era así, la palabra anarquía fue usada con gran frecuencia para tratar de entender lo ocurrido. Pero era mucho más que un simple movimiento de anarquistas, comunistas, maoístas, troskistas, pre-verdes, católicos, protestantes, agnósticos, ateos o marginales de todo tipo. Lo original fue que el movimiento envolvió a todas las tendencias en la misma protesta, al mismo tiempo, con una unidad de acción plena, dejando de lado las diferencias. Todos los discursos llamando a la unidad antes de mayo 68 en Francia, habían servido para muy poco o para nada porque las diferencias tenían mucho más peso que los pequeños acuerdos, salvo los casos del Frente Nacional de 1936 y la fantástica Comuna de Paris en 1871. En el movimiento del mayo francés de 1968, la unidad se produjo en la práctica, sin que nadie la pidiera, pero duró muy poco. Mientras duró fue una experiencia política maravillosa. La revolución que tanto quisimos, el sueño utópico del socialismo como sinónimo de libertad y justicia al mismo tiempo, parecía que estaban al alcance de las manos y hasta tenía algún sentido suponer que unas semanas después, en julio, podría celebrarse la victoria.
CINCO. La ilusión duró poco. En 1968, estaba en boga la llamada guerra fría: Estados Unidos y
SEIS. En las grandes batallas políticas, las victorias y derrotas tienen muy serias consecuencias. Después del sueño francés de 1968, la derecha recuperó su antiguo poder e hizo los cambios necesarios para no arriesgarse a perderlo. No hay razón alguna para no pensar que la potencialidad de
SIETE. A pesar de la derrota, la gran rebelión de mayo 68 en Francia sirvió para acercar el sueño utópico a la realidad, para pensar la libertad en general sin ataduras partidarias, para desplegar las fuerzas libertarias y afirmar el derecho a la diferencia y todo tipo de diferencias, para colocar los temas ambientales en la agenda política, para que las diferencias entre hombres y mujeres se reduzcan sustantivamente. Las ideas de Simone de Beauvoir para afirmar el feminismo, propuestas veinte años antes, empezaron a florecer. No olvido una imagen preciosa de una pareja de enamorados de una residencia universitaria en Paris, estirándose desde dos ventanas en el pabellón que separaba a hombres y mujeres, para darse un beso disfrutando de su nueva libertad conquistada.