viernes, junio 01, 2007

Cuando lo procaz entra a su casa por la pantalla

Claudia Florentin
periodista argentina
editora de ALC


El Comité Federal de Radiodifusión (Comfer) anunció ayer sanciones a ShowMatch, un programa nocturno que se emite por Canal 13 y que que conduce el popular empresario de medios Marcelo Tinelli, por una baile llamado "del caño" donde una vedette finalizó en topless.


ShowMatch empezó el año pasado apuntando a cumplir sueños a cambio de bailar y ganar. Un o una figura famosa acompañaba a un "soñador" en bailes que luego terminaban en premios.

Este año, con el mismo argumento, pero con el agregado de un caño, como en aquellos bailes eróticos de lugares reservados para mayores, apunta decadente y groseramente hacia juegos sexuales de mal gusto para la televisión abierta. Si alguien quiere verlos, pues existe la televisión codificada.


Un espectáculo al que una persona con algo de valores en la cabeza, no iría, ahora está, como por arte de magia en el ciclo de televisión de mayor audiencia. Alguien puede argumentar que el ciclo se emite en horario de protección al menor, es verdad, pero durante todo el día y en las propagandas del programa, se repiten hasta el cansancio las mismas imágenes groseras.

Lo triste y lamentable es que los casi 40 puntos de rating son números contundentes de una sociedad que perdió toda brújula, que no puede medir las consecuencias de lo que ve y promueve, y que después de pregunta el porqué de la promiscuidad y precocidad de muchos niños y adolescentes.

¿Será que no se puede dejar de mirar? ¿Qué lo procaz y provocativo hace caer hasta el más plantado? No adhiero a la posición que dice "uno puede cambiar de canal"; el tema no es ese, es poder entender que los contenidos de la TV argentina están cayendo y, mientras tanto, el público aplaude. Mientras más cae, menos opciones existen y más vulnerables son quienes debemos proteger: nuestros niños y adolescentes.

Me preocupa como madre, teóloga y comunicadora, lo que dejan esos programas; me ensombrece las tardes saber que mis hijos se enteran en la escuela lo que yo no dejo mirar, pero que sus compañeros de 10 años ven y comentan; me espanta que padres y madres se sienten con sus niños como si se tratara de iguales, a ver estos ciclos; me asombra que las iglesias no digamos nada.

¿Qué será de la formación de estos niños hoy, adultos mañana, con semejante carga imposible de procesar en sus mentes y corazones? ¿Qué sociedad tendremos si un niño de 8 años puede ver lo que su inocencia aún ni imagina?

Sepan disculpar mi extremada indignación, pero ante tanta falta de sentido, muchas veces no encuentro sosiego.