lunes, octubre 02, 2006

¡Abramos las puertas a la paz, no tengamos miedo!

Octubre 1º de 2006

El conflicto y las tensiones que sufrimos nos muestran la fragilidad del cimiento y pilares en que se apoyaba la paz y la estabilidad de Oaxaca; ahora vemos con claridad que hay muros qué derribar y grandes grietas por restaurar para que la paz auténtica y duradera sea una realidad en nuestra sociedad y llegue a nuestros hogares.

1.- Derribar los muros

Estos muros son las causas profundas de tantos conflictos familiares y sociales que por décadas han causado daños graves y los seguirán causando si no se derriban: la pobreza lacerante, la injusticia social y la corrupción; estas causas han dado lugar a divisiones, ambiciones, cacicazgos, violencia, débil participación ciudadana con responsabilidad; estos son algunos de los efectos que levantan más los muros que impiden la solidaridad, el desarrollo integral, en resumen la justicia y la paz.

Una sociedad que espera todo de sus gobernantes y líderes, que se acostumbra a que ellos o de fuera solucionen sus necesidades y problemas, va perdiendo la responsabilidad social, sus valores fundamentales y su calidad humana. Donde la sociedad no asume su responsabilidad y deja que otros realicen su función, queda al vaivén de las preferencias o intereses de sus dirigentes y líderes y, no pocas veces, tendrá que acostumbrarse a la violencia y al miedo; el miedo orilla a la inmovilidad y nos vuelve apáticos.

2.- Construir la paz

Construir la paz requiere de todos una participación efectiva, trabajo honesto y solidaridad. La historia nos muestra que ni el paternalismo ni el caudillismo construyen una paz duradera; en cambio, donde se da una auténtica participación social pacífica, ahí se construye la paz para todos.

La participación efectiva y responsable en la consecución del bien común es un deber de todos los miembros de la sociedad; el catecismo de la Iglesia Católica afirma que “Es necesario que todos participen, cada uno según el lugar que ocupa y el papel que desempeña, en promover el bien común. Este deber es inherente a la dignidad humana” (n. 1913). Por lo mismo, nadie está dispensado, porque no solo tenemos una responsabilidad personal sino también colectiva en la consecución del bien común y en la construcción de la paz. En este momento, el bien común para Oaxaca es evitar toda expresión de violencia y construir la paz.

Tenemos el ejemplo de buen número de comunidades indígenas que son modelo y verdaderas escuelas para inspirarnos en cómo cuidar y fortalecer el bien común, cómo alimentar la participación efectiva y el servicio desinteresado a la comunidad. Necesitamos voltear los ojos a nuestras comunidades indígenas; seamos humildes para aprender.

El trabajo honesto es el medio como las personas se dignifican, se proyectan y trascienden: marca la naturaleza, la vida de sí mismo y de los demás; nos beneficiamos del trabajo del campesino, del obrero, del artesano, del escritor, del maestro y de los artistas; reconocemos en ellos las marcas de su trabajo. Donde varios trabajan así, se estrechan las relaciones, se convive, surge el aprecio y el apoyo mutuo, se superan y se crece en calidad. De allí el sentido casi sagrado del trabajo.

Quienes vacían el trabajo de su sentido y finalidad se deshumanizan y deshumanizan; el que no trabaja se deshumaniza. No se puede levantar ni progresar un pueblo sin trabajo honesto.

La riqueza cultural y humana de Oaxaca es reconocida en México y en muchos países; ahí están las zonas arqueológicas, los monumentos coloniales, la grandeza de nuestras culturas indígenas, las variadas artesanías y bellas costumbres de nuestros pueblos. El esfuerzo de mujeres y hombres por dejarnos este legado fue motivado por la esperanza de creer en el futuro para sus hijos; esta esperanza se reproduce ahora en muchos oaxaqueños que en otras regiones y países han mostrado que son capaces de superarse y de aportar con su trabajo honesto donde se les brindan oportunidades y se les apoya en los primeros pasos.

En medio de un ambiente muy tenso nos alientan algunos signos: la reunión amplia convocada por el Secretario de Gobernación para el próximo 4 de octubre, la aceptación del Magisterio y de la APPO para participar en ella, la presencia y voz de otras organizaciones. Estamos sufriendo por lo que nuestros padres, hace décadas, permitieron hacer en daño de la sociedad y por lo que nosotros estamos permitiendo; los niños de hoy ya están sufriendo. El presente y el futuro de Oaxaca dependen de si nosotros nos decidimos hoy a construir juntos la paz.

Iniciamos hoy el mes de octubre, mes del rosario; invitamos a todos los católicos a promover y difundir durante el mes esta milenaria oración implorando, por la intercesión de la Santísima Virgen, el don de la paz para Oaxaca. Tengamos muy presente el espíritu y el deber de todo creyente en la construcción de la paz; San Francisco de Asís lo expresa fielmente en su bella oración:

“¡Señor, haz de mí un instrumento de tu paz! Que allí donde haya odio, ponga yo amor; donde haya ofensa, ponga yo perdón; donde haya discordia, ponga yo unión; donde haya error, ponga yo verdad; donde haya duda, ponga yo fe; donde haya desesperación, ponga yo esperanza; donde haya tinieblas, ponga yo luz; donde haya tristeza, ponga yo alegría. ¡Oh, Maestro!, que no busque yo tanto ser consolado como consolar; ser comprendido, como comprender; ser amado, como amar. Porque dando es como se recibe; olvidando, como se encuentra; perdonando, como se es perdonado; muriendo, como se resucita a la vida eterna”. Nuestro saludo y bendición para todos.

+ José Luis Chávez Botello
Arzobispo de Antequera-Oaxaca

+ Oscar Campos Contreras
Obispo Auxiliar de Antequera-Oaxaca