martes, julio 05, 2005

Caricatura y corrupción

BONIL
Revista Probidad


"Castigat ridendo mores". Así decían los romanos para definir la función de la comedia, y, en general, diríamos, de la sátira. Riendo castigar las costumbres. Y así mismo, Juan Montalvo, gran estilista, beligerante, diría después "Mi pluma lo mató" al enterarse del asesinato del dictador ecuatoriano García Moreno, a quien combatió y tuvo la costumbre de castigar tenazmente con sus sátiras...

¿No es acaso uno de los temas preferidos de la sátira la política, los poderosos, los abusos de ellos? ¡Cierto! Como cierto es que muchas de las debilidades de algunos artistas han sido enderezar entuertos, señalar errores y corregir el mundo.

La tentación por utilizar el arte con propósitos purificadores, educativos, salvadores ha sido siempre muy grande. En la Iglesia de La Compañía (s. XVII), en Quito, permanece una copia del cuadro de Hernando de la Cruz, de enormes dimensiones, como enormes eran los pecados que se consideraban en ese entonces debían ser castigados en el infierno, al modo como constan en la pintura. La adúltera lamida y devorada por los cerdos, el lujurioso quemado en aceite, más allá el traidor acuchillado intermitente e interminablemente por la espalda ¿Era, si lo pensamos bien, una de las primeras manifestaciones de arte contra la corrupción? Quiero decir, un arte pensado para enseñar, moralizar y combatir la podredumbre. Muy probablemente, era un arte contra una concepción de corrupción.

Pero arte moralizador al fin porque la corrupción puede estar en todas partes y según los puntos de vista, en todos los temas.

A muchos, en ese entonces, les habrá causado una risa enorme ver sufrir así a los pecadores. Les habrá parecido a otros una exageración. Y así, con exageración y risa, dos rasgos atribuidos a la caricatura ¿alguien podría decir que aquel cuadro era una caricatura? Sin duda no, aunque hoy es casi una regla ver a los turistas soltar la risa cuando lo ven. No obstante, la caricatura muchas veces ha cumplido esa función y ha tenido la misma pretensión que la del cuadro mencionado (habrá a quienes les moleste el paralelismo). Basta recordar los dibujos que en la época de Lutero se hicieron, en los cuales el Papa y su arzobispo, con cuerpos de asnos o de algún otro animal, devoraban a sus feligreses. La Contrareforma, como es de suponer, también hizo lo suyo, ridiculizando a Lutero, al mostrarlo como el diablo mismo. De igual manera, tantos dibujantes, a lo largo de la historia, ridiculizaron los abusos de los gobernantes y ejercieron de ese modo la posibilidad de vengarse de los poderosos y los abusivos. Y hoy, como siempre, tantos monigotes representativos de ciertos gobernantes o funcionarios públicos, que son abofeteados e incinerados en las plazas públicas nos recuerdan que la sátira, la exageración, la caricatura, el humor han buscado menoscabar mediante la risa, lo que se ha considerado podrido.

Hoy también se habla de caricatura anticorrupción. Sin embargo, al mismo tiempo cabe sorprenderse porque una caricatura no denuncia nada. No puede. O, al menos, es muy difícil. Ese campo le es más propicio al reportaje, a la investigación. Pero a la caricatura de periódico, no. En un solo golpe le resulta imposible contextualizar, brindar nueva información, datos, fechas. Aunque, además, eso es algo que no le corresponde. A la caricatura le corresponde resaltar un aspecto, tomar lo sustancial, resumir los accidentes, encapsularlo en un mensaje y lanzarlo para que sea devorado satisfactoriamente por los correligionarios del satírico de ese modo se socializa una percepción, una predisposición o un sentimiento que está flotando en el ambiente: la sospecha respecto de los poderosos.

Ahora, mi pregunta es: ¿luego de todos esos incineramientos, de todos esos graffittis hemos combatido la corrupción? ¿Qué es combatir? ¿Logramos vencerla, disminuirla? ¿O solamente somos como aquellos que iban delante de los ejércitos cantando diatribas contra los enemigos para encorajinar a los guerreros? Probablemente así sea.

La caricatura de prensa (que no la de barricada) tiene otras exigencias, porque el circuito comunicacional es distinto al de la hoja volante. Ya no es tan beligerante como antaño. Ya no es tan satírico; es más irónico. No es tan evidente; es más sutil. Y está bien.

En todo caso, el humor a uno le tiene que salir como uno es. Con su ética personal y su compromiso personal. Yo no me planteo un tema como tarea. Y no, sencillamente porque cuando la caricatura (o el dibujo de humor, diría mejor) se plantea una pretensión pedagogizante deja de ser humor y pasa a ser cartel, panfleto o "imaginería religiosa".

El único compromiso que tiene la caricatura es que tenga humor. Porque si no lo tiene, la caricatura contra la corrupción se habrá corrompido.

"sobre la prensa"
"condiciona - miento"
"sobre jueces"
"democráticos"

Xavier Bonilla Zapata. BONIL. Quito Ecuador. 1964 - 20... Hice la carrera de Ciencias Sociales y Políticas pero nunca las ejercí porque en lugar de dar risa con mis análisis, como algunos cientistas, preferí intentar generarlas con mis dibujos. Publico desde los 17 años y actualmente lo hago en los periódicos "El Universo" y "Hoy" de mi país. También colaboro con otras revistas. Libros publicados: Siempre pa'lante (1988); Venimos de Lejos (Los 500 años) ; Privatefalia S.A. (Historietas fabuladas sobre la privatización); Hamor se escribe con hacha (relaciones de pareja, sexo); Premios: Brasil, una vocación aeronáutica (1990); Premio al humor (1996) otorgado por la Embajada de Francia y diario El Comercio. Pero el mejor premio que más me gusta es el que recibo todos los fines de mes en forma de cheque.