miércoles, septiembre 15, 2010

Otros opios para estos tiempos

José Carlos García Fajardo
Profesor Emérito de la U. Complutense de Madrid

En los países de la Unión Europea el poder real continúa en manos de oligarquías y entidades financieras que manipulan los mercados mientras sostienen que son los mercados los que regulan los precios.

Muchos medios de comunicación están controlados por lobbies de presión e ideológicos para mantener esta sensación de inseguridad e incertidumbre. En un telediario o boletín de la radio, priman las noticias de catástrofes, terrorismo, sequías o inundaciones, o asesinatos en cualquier lugar del mundo. Después vienen los deportes contados en un tono épico que entusiasma (sentirse dioses) a seguidores, jugadores, árbitros y demás farándula que se mueven por cifras multimillonarias. Esta temporada están aquí, la próxima en otro equipo o en otro país. En los encuentros internacionales se abrazan y se besan, no por fair play ni por ser del mismo país o por hablar la misma lengua, sino porque han coincidido en muchos equipos. De la lengua es mejor no hablar porque, ganando esas millonadas, habitando mansiones en las que deben sentirse como pulpo en un garaje, sacan a pasear coches escandalosos y pasan su tiempo jugando a la Playstation o mirando videos repetidos. Muchos son analfabetos funcionales: saben leer pero no entienden ni son capaces de hacer un resumen de lo leído u oído, y, en cuanto a hacerse entender, no hay más que padecer esas entrevistas que les hacen. “Bueno, si, no, bueno, el míster, el equipo, es duro, tenemos que ganar”.

Esa especie de vulgarización permanente, de programaciones que destacan la zafiedad más ruda, los escándalos, chismes y fantasías que les gustan a su audiencia, para “evadirse”.

Basta con seguir la programación de las cadenas para obtener una radiografía de las mentes de quienes tienen que decidir con su voto los destinos de la nación y de instituciones que asemejan la Unión Europea a un paquidermo vacilante.

Durante décadas, en muchos de esos países han imperado gobiernos totalitarios que tenían secuestrados la libertad y los derechos fundamentales.

Hace más de cuarenta años que ha muerto en su cama el dictador de España; han desaparecido fascismos, nazismos y los regímenes soviéticos. La propaganda desde occidente quería mentalizar a la sociedad con los espantosos crímenes de esos regímenes que alardeaban de haber logrado los “paraísos” en la tierra. Mientras que se deslumbraba a los súbditos de esos países con las libertades, derechos, bienestar social y con participar democráticamente en todo lo concerniente al Estado.

Causa pavor constatar el desentendimiento de los ciudadanos ante los comicios electorales que influirán decisivamente en la vida, la justicia, la libertad y en el derecho a la búsqueda de la felicidad. No es de extrañar que los gobiernos insistan en la seguridad, en todas sus formas: educación, sanidad, pensiones, y viajes para la Tercera Edad.

No se trata de seguridad ni de paz si no son fruto de la justicia. Lo contrario es la “tranquilidad” que proviene de tranca. En los regímenes totalitarios, de derecha y de izquierda, los que sí había era seguridad.

¿Cómo se explica esta apatía de los ciudadanos antes sus derechos y responsabilidades en un Estado democráticos?

¿Cómo se explica la actitud que supone no participar en las tareas del Estado, o de las instituciones supranacionales?

En el mal ejemplo y catadura de los políticos, “sus representantes”. Pasadas las elecciones, no vuelven a pisar la demarcación por la que han sido elegidos. ¿Quién recuerda la rendición de cuentas a la ciudadanía de los elegidos para el Parlamento Europeo? ¿Qué ejemplo dan con la ausencia en los debates parlamentarios de la nación? ¿Cómo es posible mantener esta insoportable reyerta entre los partidos? Se puede comprender la confrontación durante las campañas electorales, pero una vez asentados los gobiernos autonómicos, los ayuntamientos y el gobierno de la nación, no cesan de descalificarse y de despellejarse unos a otros. Permítanme la confesión de mi experiencia personal, académica y periodística: dan la impresión de alegrarse con las malas noticias que les sirven para denostar al Gobierno. El aumento del paro, la bajada de la bolsa o de las pensiones, las reformas laborales, la crisis económica y hasta el sol o la lluvia. Como decía Aldo Moro, ¿Piove? ¡Porco governo!

Los lobbies financieros que controlan la economía de casino, los paraísos fiscales, el blanqueo del dinero del crimen organizado, el precio de las cosas acaparando o anegando los mercados; las oligarquías financieras que manipulan las elecciones, los gobiernos y la justicia son responsables de la apatía, del desencanto y la desesperanza que dominan a los ciudadanos europeos.

Por eso, ya que las ideologías religiosas o políticas no ofrecen refugio, utilizan a los medios de comunicación para el adormecimiento y el desarraigo de las audiencias, de los ciudadanos.

martes, julio 27, 2010

Jóvenes sin proyecto de vida

Antonio Saugar
Periodista

La crisis, los contratos basura, las prácticas y becas precarias... impiden a los jóvenes en España entrar de lleno en el mercado laboral, pero tampoco hacen grandes esfuerzos para salir de esta situación. Una encuesta de Metroscopia señala que el 54 por ciento de los españoles de entre 18 y 34 años afirma que no tiene proyectos por los que sentirse interesado. Han pasado su infancia y adolescencia en un ambiente de bonanza económica. Sus padres les han dado todo lo que pedían. En España, la edad media en la que los hijos abandonan el domicilio familiar se sitúa en los 34 años. Pero aumenta cada año por una crisis y el paro, que han obligado a muchos jóvenes a volver a casa de sus padres.

El hogar en el que vive un joven que no trabaja y que no estudia es una olla a presión, especialmente si acaba de entrar en la mayoría de edad. Aquellas normas que antes se cumplían en casa, ahora no hay manera de llevarlas a cabo.

El joven tiene 18 años y piensa que debe liberarse de esas ataduras. La casa paterna se convierte en una especie de hotel al que va a comer, dormir, a ver la televisión, conectarse a Internet...

El Sondeo de Opinión y Situación de la Gente Joven, elaborado por el Observatorio de la Juventud de España en 2008, indica que las principales preocupaciones sociales de los jóvenes son el paro, la vivienda, seguidos de los problemas económicos.

Respecto a qué consideran importante en la vida, el sondeo indica que la familia, la salud y los amigos son los que creen más importantes. Les siguen el trabajo y ganar dinero. Más abajo en el ranking se encuentran la sexualidad y los estudios. Religión y política están mucho más abajo.

Esta generación está compuesta por jóvenes inactivos que no sólo no trabajan, sino que no buscan empleo; por parados sin empleo anterior (nunca han trabajado); y por los que no cursan estudios ni reglados ni no oficiales.

Vivimos el nacimiento de una generación sin ilusiones, cuyos componentes están perdidos, sin horizontes, algo raro para quienes deben llevar las riendas dentro de unos años.

¿Se imaginan que una ley obligara a abandonar la casa paterna a los 18 años? Un ministro italiano hizo esta propuesta al principio de 2010. El objetivo: acabar con el hecho de que los hijos siguieran viviendo en la casa paterna más allá de los 30 años.

La propuesta se formuló tras conocerse una sentencia en la que obliga a un padre a continuar pagando la pensión alimenticia de su hija que, a los 32 años, continúa estudiando Filosofía, carrera que lleva 14 años cursando. Los compañeros de Gobierno del ministro rechazaron la medida.

En Madrid, más del 80% de los jóvenes madrileños de 15 a 24 años tiene como forma principal de ocio la fiesta nocturna, y señalan que les compensa salir toda la noche a pesar de los riesgos que esto pueda traerles, según señala el estudio Ocio y riesgos de los jóvenes madrileños, realizado por la Fundación Ayuda contra la Drogadicción (FAD), la Obra Social Caja Madrid y el Instituto de Adicciones del Ayuntamiento de Madrid.

El informe indica que el 76% de estos jóvenes entiende la noche como aventura, y afirma que lo que le gusta es no saber qué va a pasar. Defienden el descontrol en las horas de ocio, un 64% asegura que desfasar es divertido; el 56% ciento dice que la prudencia arruina la diversión. El estudio señala otras conductas de riesgo al alza: relaciones sexuales con pareja no habitual sin preservativo, consumo excesivo de alcohol, conducir el coche con altos niveles de alcohol, consumo de drogas, peleas…

Las actividades preferidas de los jóvenes madrileños son estar con los amigo y escuchar música o la radio. Internet, la televisión e ir a bares o discotecas son las aficiones de un 40%. Sólo uno de cada cuatro dedica parte del fin de semana a estar con la familia. Algo falla en la ecuación cuando una gran mayoría considera a la familia lo más importante en la vida.