miércoles, febrero 25, 2009

Oscar 2009: mirar a los otros

Luis García Orso sj

sacerdote y doctor en teología

Las películas seleccionadas para los premios Oscar del año pasado 2008 nos reflejaban crudamente una sociedad donde imperan la violencia y el poder económico, el crimen y la corrupción, la degradación moral. O mejor decir una sociedad sin moral. Una nación “sin lugar para los débiles”, para los pobres, para lo que buscan justicia, honestidad, verdad…Así vimos Petróleo sangriento, Sin lugar para los débiles, En el valle de las sombras, entre otras.

Ahora, para los Oscar 2009, los realizadores cinematográficos han querido reaccionar y proponer algunas esperanzas, quizás animados por el final de la era Bush. El camino cinematográfico que han tomado es contar historias y ficciones que nos hagan mirar a los otros, a los diferentes, a los que no están tan cerca de mí. Y así las principales películas de este año tienen como protagonistas a niños huérfanos, niños de la calle, ancianos, inmigrantes, homosexuales, madres de raza negra, trabajadores de limpieza…

Viene aquí la presentación de algunas de estas historias.

Quisiera ser millonario (Slumdog Millionaire) de Danny Boyle, apela a lo más noble, más bello y más poderoso que hay en el corazón de todo ser humano, y que está ahí como fuerza espiritual y como esperanza, más allá de toda condición económica y social, pero que brilla esplendorosa en los pobres; como en Jamal, el joven protagonista, nacido y criado en las calles miserables de Mumbai, y quien junto con su hermano y una niña salen adelante en la vida con el tesón cariñoso de “tres mosqueteros”. La historia que vamos conociendo a través de un concurso televisivo atrapa y anima todo los corazones, y lo hace a través de un jovencito que se sabe las respuestas que la vida le ha dado y que cree y espera por encima de todo, porque hay algo que vale más que veinte millones de rupias. Slumdog Millionaire tiene la chispa y la magia del cine, como pocas películas, y ocho premios Oscar.

El curioso caso de Benjamín Button es una fábula que tiene como protagonista a un niño que nace con el aspecto de un anciano y que muere siendo físicamente un bebé. Un cuento corto de F. Scott Fitzgerald se convierte por David Fincher en una fábula cinematográfica, llena de pequeños detalles y de símbolos, que como toda fábula tiene mucho de lirismo, fantasía, imaginación, mensaje, y que invita a la aceptación de las diferencias de edad, raza, color, religión, identidad; a la aceptación de la vida y su destino, de la salud y la muerte, para hallar fe, amor, esperanza -sin un connotado estrictamente religioso-; para simplemente experimentar que amamos la vida y aprendimos a ser lo que quisimos y pudimos ser.

La duda (Doubt). Son cuatro miradas diferentes a un incidente no comprobado, a una duda: ¿qué pasó en la sacristía entre el Padre Flynn y su pequeño amigo monaguillo? Cuatro miradas que pueden ser la de cualquiera de nosotros: juicio o comprensión, intransigencia o verdad, reclamo o bondad, firmeza o debilidad…La historia en Duda –con un inteligente libreto más teatral que cinematográfico- invita a abrir nuestra mirada y nuestras convicciones a lo que hay en la otra persona: quizás el otro pudiera desarmarnos y nos permitiera alcanzar una verdad que está más allá de una certeza y más cerca del amor y de la condición humana.

Milk. La sólida historia escrita por Dustin Lance Black, resultado de una investigación documental con innumerables testimonios de los protagonistas reales, recorre la lucha y ascensión política y social de Harvey Milk, desde que llegó al barrio Castro de San Francisco en 1972, hasta su asesinato en 1978, siendo concejal de la ciudad y luchador por los derechos de las personas homosexuales. El gran trabajo de Gus van Sant en la narrativa y de la fotografía y la dirección artística consigue una notable recreación de la época, además de un bello testimonio sobre la esperanza como principal arma de lucha contra el rechazo que provoca en algunos la orientación homosexual. En estos tiempos que escuchamos repetidamente decir que no hay más utopías, que todo es cinismo y falta de compromiso, Milk se presenta como una película de un inusitado compromiso político y social, sobre una persona real que decidió cambiar el mundo, empezando por ella misma, y se entregó a defender la dignidad humana de los rechazados sociales.

Sólo un sueño (Revolutionary Road), resulta la otra cara de la propuesta para una mirada esperanzada. Historia desoladora en que unos personajes ahogados en la rutina y en su egoísmo no saben amar ni evolucionar hacia ninguna parte, como reflejo y protagonistas de una sociedad occidental enferma que seduce con el engaño de la comodidad y la prosperidad, de la apariencia y las falsas ilusiones, y deja en la infelicidad y en un “vacío desesperanzado”.

WALL-E es la última y extraordinaria propuesta de Pixar y Disney. Tras 700 solitarios años haciendo aquello para lo que fue construido: limpiar el planeta tierra de tanta basura y contaminación en que ha quedado, WALL-E descubre una nueva misión en su vida cuando se encuentra con un pulcro y perfecto robot explorador femenino llamado Eve (“evaluadora de vida extraterrestre”) y siente la chispa del amor. El viaje de ambos a través de la galaxia –incluidas música y coreografías de Hello, Dolly!- desencadena una de las más emocionantes e imaginativas comedias de aventuras llevadas al cine. Junto a Wall-E, en este fantástico viaje hay un comiquísimo y simbólico elenco de personajes, como una cucaracha mascota y un heroico equipo de robots destartalados, y unos humanos convertidos en mascotas que engordan con comida chatarra mirando la televisión. Estamos ante una fábula conmovedora, tierna y extraordinariamente visual, en que Wall-E es como el Chaplin del siglo XXI.

Entre les murs (La clase), del francés de Laurent Cantet, construye una simbiosis entre la realidad y la ficción en el marco de una escuela de un barrio francés de inmigrantes. Fiel a los principios de la propuesta, el director jamás abandona el perímetro marcado por los muros del centro, en el que seremos testigos privilegiados de los conflictos y discusiones de un profesor entregado a su labor como pedagogo y tutor, y unos alumnos que deben acarrear con los estigmas de su entorno social. Juntos han de aprender –no tan fácilmente- los valores de la democracia, la convivencia, el respeto y los requisitos éticos de todo proceso educativo.

El cine nos ayuda a mirar a personas que se atreven a salir de sí para ir hacia los otros y amarlos, defenderlos, acompañarlos…Estas historias nos siguen recordando que sólo nos encontramos a nosotros mismos rompiendo nuestra cerrazón y abriéndonos a la realidad de los demás, a lo que alguien diferente nos regala; a la gratuidad de la confianza y de la interpelación de otro ser humano, otra cultura, otras esperanzas; a la mirada a los otros que se convierte en solidaridad.

México, febrero 23 de 2009

viernes, febrero 20, 2009

Circular 2009
«Hoy ya no tengo esos sueños», dice el Cardenal

Pedro Casaldáliga

El Cardenal Carlo M. Martini, jesuita, biblista, arzobispo que fue de Milán y colega mío de Parkinson, es un eclesiástico de diálogo, de acogida, de renovación a fondo, tanto de la Iglesia como de la Sociedad. En su libro de confidencias y confesiones Coloquios nocturnos en Jerusalén, declara:

«Antes tenía sueños sobre la Iglesia. Soñaba con una Iglesia que recorre su camino en la pobreza y en la humildad, que no depende de los poderes de este mundo; en la cual se extirpara de raíz la desconfianza; que diera espacio a la gente que piensa con más amplitud; que diera ánimos, en especial, a aquellos que se sienten pequeños o pecadores. Soñaba con una Iglesia joven. Hoy ya no tengo más esos sueños».

Esta afirmación categórica de Martini no es, no puede ser, una declaración de fracaso, de decepción eclesial, de renuncia a la utopía. Martini continúa soñando nada menos que con el Reino, que es la utopía de las utopías, un sueño del mismo Dios.

Él y millones de personas en la Iglesia soñamos con la «otra Iglesia posible», al servicio del «otro Mundo posible». Y el cardenal Martini es un buen testigo y un buen guía en ese camino alternativo; lo ha demostrado.

Tanto en la Iglesia (en la Iglesia de Jesús que son varias Iglesias) como en la Sociedad (que son varios pueblos, varias culturas, varios procesos históricos) hoy más que nunca debemos radicalizar en la búsqueda de la justicia y de la paz, de la dignidad humana y de la igualdad en la alteridad, del verdadero progreso dentro de la ecología profunda.

Y como dice Bobbio «hay que instalar la libertad en el corazón mismo de la igualdad»; hoy con una visión y una acción estrictamente mundiales. Es la otra globalización, la que reivindican nuestros pensadores, nuestros militantes, nuestros mártires, nuestros hambrientos…

La gran crisis económica actual es una crisis global de Humanidad que no se resolverá con ningún tipo de capitalismo, porque no cabe un capitalismo humano; el capitalismo sigue siendo homicida, ecocida, suicida. No hay modo de servir simultáneamente al dios de los bancos y al Dios de la Vida, conjugar la prepotencia y la usura con la convivencia fraterna. La cuestión axial es: ¿Se trata de salvar el Sistema o se trata de salvar a la Humanidad?

A grandes crisis, grandes oportunidades. En idioma chino la palabra crisis se desdobla en dos sentidos: crisis como peligro, crisis como oportunidad.

En la campaña electoral de EEUU se enarboló repetidamente «el sueño de Luther King», queriendo actualizar ese sueño; y, con ocasión de los 50 años de la convocatoria del Vaticano II, se ha recordado, con nostalgia, el Pacto de las Catacumbas de la Iglesia sierva y pobre.

El 16 de noviembre de 1965, pocos días antes de la clausura del Concilio, 40 Padres Conciliares celebraron la Eucaristía en las catacumbas romanas de Domitila, y firmaron el Pacto de las Catacumbas. Dom Hélder Câmara, cuyo centenario de nacimiento estamos celebrando este año, era uno de los principales animadores del grupo profético.

El Pacto en sus 13 puntos insiste en la pobreza evangélica de la Iglesia, sin títulos honoríficos, sin privilegios y sin ostentaciones mundanas; insiste en la colegialidad y en la corresponsabilidad de la Iglesia como Pueblo de Dios, y en la abertura al mundo y en la acogida fraterna.

Hoy, nosotros, en la convulsa coyuntura actual, profesamos la vigencia de muchos sueños, sociales, políticos, eclesiales, a los que de ningún modo podemos renunciar.

Seguimos rechazando el capitalismo neoliberal, el neoimperialismo del dinero y de las armas, una economía de mercado y de consumismo que sepulta en la pobreza y en el hambre a una grande mayoría de la Humanidad. Y seguiremos rechazando toda discriminación por motivos de género, de cultura, de raza.

Exigimos la transformación sustancial de los organismos mundiales (ONU, FMI, Banco Mundial, OMC…). Nos comprometemos a vivir una «ecológica profunda e integral», propiciando una política agraria-agrícola alternativa a la política depredadora del latifundio, del monocultivo, del agrotóxico. Participaremos en las transformaciones sociales, políticas y económicas, para una democracia de «alta intensidad».

Como Iglesia queremos vivir, a la luz del Evangelio, la pasión obsesiva de Jesús, el Reino. Queremos ser Iglesia de la opción por los pobres, comunidad ecuménica y macroecuménica también.

El Dios en quien creemos, el Abbá de Jesús, no puede ser de ningún modo causa de fundamentalismos, de exclusiones, de inclusiones absorbentes, de orgullo proselitista. Ya basta con hacer de nuestro Dios el único Dios verdadero. «Mi Dios, ¿me deja ver a Dios?».

Con todo respeto por la opinión del Papa Benedicto XVI, el diálogo interreligioso no sólo es posible, es necesario. Haremos de la corresponsabilidad eclesial la expresión legítima de una fe adulta.

Exigiremos, corrigiendo siglos de discriminación, la plena igualdad de la mujer en la vida y en los ministerios de la Iglesia. Estimularemos la libertad y el servicio reconocido de nuestros teólogos y teólogas. La Iglesia será una red de comunidades orantes, servidoras, proféticas, testigos de la Buena Nueva: una Buena Nueva de vida, de libertad, de comunión feliz. Una Buena Nueva de misericordia, de acogida, de perdón, de ternura, samaritana a la vera de todos los caminos de la Humanidad.

Seguiremos haciendo que se viva en la práctica eclesial la advertencia de Jesús: «No será así entre vosotros» (Mt 21,26). Sea la autoridad servicio. El Vaticano dejará de ser Estado y el Papa no será más Jefe de Estado. La Curia habrá de ser profundamente reformada y las Iglesias locales cultivarán la inculturación del Evangelio y la ministerialidad compartida.

La Iglesia se comprometerá, sin miedo, sin evasiones, en las grandes causas de la justicia y de la paz, de los derechos humanos y de la igualdad reconocida de todos los pueblos. Será profecía de anuncio, de denuncia, de consolación. La política vivida por todos los cristianos y cristianas será aquella «expresión más alta del amor fraterno» (Pío XI).

Nos negamos a renunciar a estos sueños aunque puedan parecer quimera. «Todavía cantamos, todavía soñamos». Nos atenemos a la palabra de Jesús: «Fuego he venido a traer a la Tierra; y qué puedo querer sino que arda» (Lc 12,49).

Con humildad y coraje, en el seguimiento de Jesús, miraremos de vivir estos sueños en el cada día de nuestras vidas. Seguirá habiendo crisis y la Humanidad, con sus religiones y sus iglesias, seguirá siendo santa y pecadora. Pero no faltarán las campañas universales de solidaridad, los Foros Sociales, las Vías Campesinas, los Movimientos populares, las conquistas de los Sin Tierra, los pactos ecológicos, los caminos alternativos de Nuestra América, las Comunidades Eclesiales de Base, los procesos de reconciliación entre el Shalom y el Salam, las victorias indígenas y afro y, en todo caso, una vez más y siempre «yo me atengo a lo dicho: la Esperanza».

Cada uno y cada una a quien pueda llegar esta circular fraterna, en comunión de fe religiosa o de pasión humana, reciba un abrazo del tamaño de estos sueños. Los viejos aún tenemos visiones, dice la Biblia (Jl 3,1). Leí hace unos días esta definición: «La vejez es una especie de posguerra»; no necesariamente de claudicación. El Parkinson es sólo un percance del camino y seguimos Reino adentro.

(http://www.feadulta.com/index.htm)