lunes, septiembre 11, 2006

Proclame su independencia

Frei Betto
religioso dominico


Sepa que la mayoría de hombres y mujeres no son independientes. Carecen de vuelo propio. Cual moluscos adheridos a la piedra, son incapaces de soltarse y zambullirse en la vastedad del mar. Creen que están impidiendo que la piedra se precipite al agua y de ese modo permanecen toda su vida encadenados a un peso que los aprisiona, que, sin embargo, no forma parte de ellos.

La piedra son los prejuicios que les impiden mirar su propia alma. Se contemplan en los ojos ajenos, tienen de sí mismos una imagen importada. No alcanzan nunca aquella autoestima que brota de lo más profundo de sí mismo. Siempre están pidiendo permiso para ser lo que no son, suplicando comprensión, mendigando afecto, sujetos a una servidumbre voluntaria y esclavizados por modismos que los transforman en personajes de ilusiones inconvenientes.

Ser independiente no se resume en romper tabús e innovar comportamientos. Es fácil afrontar los diques del moralismo, allá donde se produce la energía nefasta del fundamentalismo, aquel altruismo al revés de quien cree saber mejor lo que les conviene a los demás e insiste en someterlos a su voluntad. Lo difícil es cultivar los valores infinitos engendrados por la autonomía de la conciencia como reducto inexpugnable, la lucidez crítica, el valor de discrepar por encima de todos los afectos, la osadía de decir no y practicar la ascesis de callarse, desligase de acciones malévolas, no suscribir nunca lo que perenniza la injusticia, la desigualdad y la exclusión.

Dé su grito de independencia, pero no con la garganta, como quien exhibe una rebeldía confinada al nihilismo narcisista. Lo que vale es el grito que resuena en la vida social, suscita el vendaval que siembra utopías, rasga horizontes y allana montañas. El grito uterino de esa gravidez histórica que preanuncia auroras de compartimiento. El grito alucinado que imprime sentido a la revolución que subvierte las causas de todas las miserias.

Conquistar la independencia es un proyecto colectivo, tarea común de convicciones éticas, obstinación de quien se niega a acatar lo que es como si fuera lo que será, lo que está como lo que faltará, lo que se hace presente como anticipación del futuro.

Arranque de lo más hondo de sí mismo aquella doblez que le falsifica para efectos sociales. Anule los fantasmas de sus temores; profese el ateísmo frente a los ídolos de esa sociedad que dobla las rodillas ante la supuesta sacralidad del mercado. Practique la iconoclastia ante esa opulencia engordada por la gula perversa de quien chupa de la tierra los nutrientes de la vida para todos.

Sumérjase en lo más íntimo de sí mismo sin miedo al vértigo provocado por lo inusitado de su propia identidad. Embriáguese con su singularidad y deje que ella baile en el espacio etéreo de su libertad. Penetre sus cavernas interiores, explore los subterráneos de su inconsciente, deje que afloren en bandada todos los ángeles que lo habitan.

Corte el hilo de su laberinto cartesiano, pues nunca va a conquistar la independencia quien se mantiene en la superficie, como náufrago desesperado remando agarrado a las conveniencias, dando satisfacciones inmerecidas, vestido de espantapájaros en medio de una huerta de frutas podridas.

Mire al pasado y verá que las personas verdaderamente independientes creyeron en una causa, se dejaron impregnar por esa indignación que hizo de ellas artífices de un tiempo nuevo. Tomaron en sus manos la historia y le torcieron el rumbo, y sus vidas simbolizan hoy nuevas fronteras, pues allí se rompió el límite entre idea y acción, sueño y realidad, amor y gesto.

Arrastre consigo multitudes a la independencia. No permita que la cadena de montaje del sistema anule su ímpetu y ponga rótulo a sus proyectos, convirtiéndolo en mero repetidor ortofónico de viejos discursos envueltos en seductores papeles de colores.

Sepa que la materia prima de la independencia se encuentra en su subjetividad, en los dobleces de su ser, en aquel otro que lo habita y para el que parece extraño aquello que ahora es. Mantenga los ojos bien abiertos, pues nunca será completa su independencia si no se expande a su vez, derritiendo todas las cadenas que ahora impiden que todos sean independientes, solidariamente independientes, amorosamente independientes. (Traducción de J.L.Burguet)

miércoles, septiembre 06, 2006

Vótese a sí mismo

Frei Betto
religiosos dominico


El primer candidato en estas próximas elecciones debe ser el propio elector. Al votar, él delega en el candidato el deber y el derecho de actuar en su nombre. Una vez elegido, todo cuanto el político haga repercute en la vida de la población. Si roba, la víctima es la población, pues los impuestos que ésta paga van a parar al bolsillo del ladrón, postergando la salud, la educación, la mejoría de las carreteras, etc.

Sucede a menudo que el elector vota y a continuación se olvida del partido y del candidato que escogió. Lo que los políticos cínicos quieren es precisamente ser elegidos y, después, olvidados por sus electores, de modo que puedan actuar en contra de lo que prometieron.

Todavía mejor cuando el elector pierde de vista el partido del candidato. Pues no siempre resulta elegido aquel a quien votamos. Pero el partido sí, permanece representado en la Asamblea Legislativa y en el Congreso Nacional, y puede haber sido uno de los que se aliaron para elegir al gobernador o al presidente de la República. Por tanto, ojo con el partido. Compare su programa con lo que hacen los políticos afiliados a él.

El resultado de una elección se evalúa por sus efectos en las condiciones de vida de la población. Por los frutos se conoce el árbol, dijo Jesús, o sea por el ejercicio del mandato de quienes fueron elegidos. ¿Hubo mejoras en la salud? ¿en la educación? ¿los alimentos están más baratos? ¿decayó la violencia urbana? ¿aumentaron los empleos? ¿decreció la desigualdad social?

No importa que los índices del crecimiento del país hayan mejorado ni que las estadísticas se muestren más positivas. Lo que importa es el desarrollo sustentable. Verificar en qué medida hubo progreso en la calidad de vida de la población sin que el país se haya endeudado todavía más ni sacrificado su soberanía.

Sólo habrá verdadera democracia cuando nosotros, los electores, hayamos conquistado el derecho a intervenir permanentemente en el poder público. Hoy esa intervención se restringe a los períodos electorales. Lo cual permite que en los intervalos entre una y otra elección la clase política actúe a su real gana.

El Brasil necesita urgentemente una reforma política que, entre otras cosas, obligue al gobierno a someter a plebiscito o referendo popular las grandes cuestiones nacionales. ¿Queremos alimentos transgénicos? ¿Y el trasvase del agua del río San Francisco? ¿Estamos de acuerdo con la política económica que, de cada US$ 100 destinados a los acreedores de la deuda pública, invierta apenas US$ 7 en políticas sociales? ¿Debe ser autónomo el Banco Central?

Son cuestiones que no debieran depender sólo del Estado. La población necesita ser convocada a participar, así como en la decisión acerca de nuestro régimen de gobierno (monarquía, parlamentarismo o presidencialismo) y el comercio de armas.

¿Cómo intervenir en el poder público? Mediante la presión de la sociedad civil. El Gobierno es como el frijol: sólo funciona en la olla a presión. De ahí la importancia de fortalecer los movimientos sociales. Sólo una sociedad organizada dispone de fuerza para intervenir en el Estado. Las banderas que ella defiende, por más justas que sean, sólo se vuelven efectivas cuando conquistan los corazones y las mentes. Pueblo organizado, Estado democratizado. Sin embargo no basta con que cada movimiento luche aisladamente por sus reivindicaciones; es necesario que los sin tierra se sumen a las mujeres, los indígenas fortalezcan la lucha por los derechos humanos, los negros den la mano a quienes buscan la igualdad de géneros...

Votar por sí mismo es votar con efecto bumerang. El voto rebota en el candidato y en el partido y regresa en beneficio de la sociedad. No queda en el aire, cual cometa que se suelta del manubrio que tenemos en las manos.

En octubre elíjase, ciudadano, elija el Brasil como nación democrática, justa y soberana. ¡Feliz votación!

Don Luciano Mendes de Almeida fue una de las personas más íntegras y evangélicas que he conocido en toda mi vida. Seamos fieles a la herencia que nos deja: el amor a la causa de los pobres. (Traducción de J.L.Burguet)