Frei Betto
religioso dominico
El fútbol es juego, y el juego es hermano gemelo del arte. Si el arte nos permite trascender -pues todo artista es un clon de Dios- y traduce la búsqueda de la inmortalidad de quien lo cultiva, el juego es una bola en el suelo: condensa la vida.
No hay un juego igual a otro. Cada partido es único, singular, regido por el principio cuántico de la indeterminación. Al ver la pelota es imposible prever con seguridad el movimiento que hará. Si está en movimiento, como en un pase entre Roberto Carlos y Ronaldinho Gaúcho, nada impide que sea interceptada por la cabeza del jugador adversario o por un movimiento de bandera indicando una falta.
La vida es juego. Al nacer entramos en el campo, con la diferencia de que no sabemos cuándo termina el partido. Sabemos, por experiencia, que es imprevisible. Porque no somos lo que pensamos. Somos lo que hacemos. Y no siempre actuamos según los principios que profesamos. Nuestro actuar es interactuar. Al "yo soy yo y mis circunstancias", de Ortega y Gasset, podemos añadirle: "yo somos nosotros", colectividad. "Nosotros" de relaciones con los semejantes y con la naturaleza.
Nadie acapara siempre la pelota. Nuestro existir depende de pases ajenos, unos certeros, otros extraviados; de la capacidad de regatear situaciones complicadas; de situaciones imprevistas, de faltas, contusiones, disparos a la grada y jugadas brillantes. Hasta que metamos gol -en la vida familiar o profesional- la pelota siempre retorna al campo y el juego recomienza, cual incesante pelea de Sísifo.
Nunca sabremos el resultado final. La sabiduría consiste en jugar sin hacer trampas (ética), observando las reglas, aunque sea frecuente la tentación de burlarlas. ¡Cuántos campeones de ahora dejaron el campo cubiertos por la derrota! Sócrates, Jesús, Juana de Arco, Tiradentes, Van Gogh! Y lo mismo a la inversa: campeones que ayer levantaron la copa de la victoria sin imaginar que el tiempo les haría beber la hiel de la ignominia: Nerón, Hitler, Stalin, Médicis.
Esa asociación que sucede en nuestro inconsciente entre vida y juego nos induce a tomar partido con entusiasmo: Se juega en el campo la estima de una nación, de los seguidores de un equipo, del hincha como individuo. El deporte catalizador, dionisíaco, varía de país a país. En la Grecia antigua, el maratón; en los Estados Unidos el béisbol; en Rusia la nación se extasía ante un tablero de ajedrez; en Brasil el fútbol. El fútbol es nuestra alma y expresa nuestra creatividad, que trasciende la razón. Como en el teatro griego, en el estadio se ritualiza la catarsis de un pueblo. Todo gira en torno a una bola, objeto esférico, la más perfecta forma espacial, símbolo del universo, del globo terrestre, del firmamento, de la totalidad de todos los opuestos que se anulan entre sí. Figura geométrica dinámica, como nuestra índole. La bola expresa, como todo círculo, la vuelta a sí mismo, y significa unidad y perfección.
El campo, con su engramado impecable, es nuestro Jardín del Edén, encerrado en un estadio que, en general, tiene forma esférica. Allí se decide nuestro destino. Hay que recordar que "gol" deriva del inglés goal, que significa "objetivo". Hay que alcanzarlo, aunque sea a través de los meandros laberínticos del juego; importa estar simbolizado en la disputa. Y todo el juego se da gracias a la cooperación, al engranaje, a la confianza entre los jugadores. E implica la derrota del adversario, aunque sin anularlo, reconociéndole siempre el derecho a una nueva posibilidad de buscar la victoria. Finalmente, predomina la compasión.
Como los juegos de Olimpia, en la antigua Grecia, el fútbol es tragedia y comedia, derrota y victoria, tristeza y alegría. La pelota en los pies y la emoción en el corazón son nuestra más evidente expresión religiosa pagana, multireligiosa. Encendemos velas, hacemos promesas, alimentamos orixás, movilizamos amuletos y sortilegios.
Los héroes del panteón brasileño, inmortalizados en la memoria nacional, son Didí, Garrincha, Pelé, Tostao, Zico y tantos otros jugadores de fútbol. Somos fieles devotos de nuestros equipos preferidos. Aunque pierda o baje de categoría, no admitimos rechazarlo ni arrancar del corazón la bola de nuestra imperecedera fidelidad. Pues tenemos fe de que, en el futuro, nos dará grandes alegrías y victorias.
La Copa es copa, y taza en la que todos sorbemos alientos y esperanza, en una comunión que sacramenta la unión de 180 millones de brasileños. Es tanta su importancia para el pueblo brasileño, que el fútbol debería ser nombrado patrimonio nacional.
martes, junio 20, 2006
jueves, junio 15, 2006
Colombia: Aumentan desplazados
BBC Mundo
"Nosotros calificamos la situación en Colombia como la peor crisis humanitaria en el mundo, fuera de África". Esa es la evaluación hecha a BBC Mundo por William Spindler, portavoz del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, ACNUR, en Ginebra.
"El conflicto interno en los últimos años ha recrudecido y ha provocado el desplazamiento interno de más de dos millones de personas", dice Spindler.
El conflicto
Según el portavoz de ACNUR, la causa del aumento en el número de desplazados es el conflicto interno que afecta al país con enfrentamientos a diario entre el ejército y grupos irregulares.
Desde su perspectiva, los principales responsables del problema de los desplazados son los grupos armados irregulares, pero también reconoce responsabilidad por parte del gobierno colombiano.
"Podemos decir que desde el punto de vista de la efectividad en velar porque los derechos de los ciudadanos se cumplan, el gobierno colombiano está fallando en sus responsabilidades".
Pero no es tarea fácil. Spindler destaca que existen grandes dificultades para resolver el conflicto.
Especialmente cuando se trata de atacar las causas estructurales del problema como la falta de justicia social, el desarrollo y la lucha contra las drogas.
Sin embargo, pese a los esfuerzos, el problema de los desplazados sigue aumentando.
"Lo que está fallando es que nuestros esfuerzos, aunque son importantes, no son suficientes", señala Spindler.
"Mientras siga el conflicto, van a seguir existiendo desplazados".
Desplazados en el mundo
Según un informe de ACNUR publicado este viernes, el número de desplazados internos en el mundo ha crecido desde un total de 19,5 millones de personas en 2004, a cerca de 21 millones el año pasado.
Son personas obligadas a abandonar su hogar por actos de violencia o porque temen por sus vidas.
Terminan convirtiéndose en refugiados en el interior de su propio país, viviendo en precarias condiciones y sin acceso a los servicios más básicos.
Después de Sudán y la República Democrática del Congo, Colombia es el país con mayor número de desplazados.
La organización estima que entre 20 y 25 millones de personas son víctimas de este problema en todo el mundo.
Sin embargo, el informe de ACNUR, reveló que mientras aumenta el número de desplazados internos, baja el número de refugiados a nivel internacional.
En 2005 se produjo un descenso de 11,5% en el número total de refugiados comparado con el año 2004, llegando a 8,4 millones de personas.
La cifra es la más baja en los últimos 26 años.
(http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/international/newsid_5064000/5064598.stm)
Habla una desplazada
Una mujer de 36 años que fue desplazada dos veces por grupos armados le ofreció su testimonio a BBC Mundo. Por razones de seguridad, no publicamos su nombre ni el lugar en el que vive.
Nosotros estábamos inocentes, no esperábamos a nadie porque nosotros somos personas que nos dedicábamos a leer la Biblia... Vivíamos confiando en Dios que a ninguno del grupo le iba a suceder nada.
Hasta cuando llegaron dos hombres y mataron a dos de las compañeras. Ambas eran líderes en la iglesia. Los hombres hicieron de todo... acabaron con la vida de las mujeres. Las perdimos.
Cuando uno ve, es mucho el trauma que carga en la mente... lo que uno vio, nunca se le borra de la mente. Aunque trate de conversar, aunque trate de distraerse...
En el instante en que llegaron los vecinos a darnos auxilio, nos tocó agarrar los pelados y echarlos por delante. Metimos las muertas en hamacas y arrancamos como a las 4:30 pm.
Llegamos al pueblo al otro día, como a las 10:00 am. Solamente con los hijos y los muertos, después de que teníamos tantas cosas.
"No poner las malucas, sino las bonitas"
Lo perdimos todo. Mi marido sembraba en la finca yuca, ñame, maíz, aguacate y yo también por aparte tenía mi cría de gallinas, pavos, cerdo, carnero, chivo. Vivíamos felices y bien, y no como pobres. Gozábamos de lo que la tierra nos brindó. Teníamos ahorros.
Lo perdimos todo. A mí no me importaba si no tenía un peso en el bolsillo porque yo sabía que mis hijos tenían qué comer. Sólo tenía que arrancar ñame, yuca, un plátano, sacrificar una gallina, y ya había. Aquí yo tengo que amanecer con plata en el bolsillo para darle de comer a mis hijos.
Mi marido no hacía más que llorar. Yo a veces lloraba, pero aunque por dentro yo me esté muriendo yo siempre trato de disimular y no le pongo las malucas sino las bonitas. Yo quería que se le pasara el trauma de lo que acababa de ver.
Hasta un día que vino un muchacho y me dijo "¿y usted por qué no pone un puesto en el mercado?" Yo dije que sí, a pesar de que sabía que de un puesto no vivíamos nueve personas.
Yo me sentaba ahí en dos sillas a despachar pero veía que era muy poquito para mantener un hogar. Pero no quería que mi marido se viera alcanzado. Es que aquí los hombres no consiguen trabajo.
"Me va bien"
Un muchacho me prestó cien mil pesos. Me dijo que le tenía que pagar diario, y que de ahí iba a vivir. Yo le dijo que Dios te bendiga. Salí y compré otras cositas y la gente iba llegando al puesto.
Compramos aceite, verduras. Luego le dije a mi marido que montáramos una microtienda. La gente nos colaboraba comprando. Luego compramos un enfriador. Y en este año arreglamos la casa.
Con la microtienda sostengo a mis cinco hijos y a dos niñas que yo crié, y les doy todo. Ahora que nos dieron una capacitación de culinaria aprendimos a hacer pasteles y los vendemos con otras compañeras.
A pesar de todas las dificultades, tengo mi casa, mi negocio, mis niños estudiando, mi hogar es feliz. Y me capacité, en parte para borrar los traumas que tenía en la mente, lo que había perdido trabajando duro. A uno con el amor de Dios le va bien.
"Nosotros calificamos la situación en Colombia como la peor crisis humanitaria en el mundo, fuera de África". Esa es la evaluación hecha a BBC Mundo por William Spindler, portavoz del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, ACNUR, en Ginebra.
"El conflicto interno en los últimos años ha recrudecido y ha provocado el desplazamiento interno de más de dos millones de personas", dice Spindler.
El conflicto
Según el portavoz de ACNUR, la causa del aumento en el número de desplazados es el conflicto interno que afecta al país con enfrentamientos a diario entre el ejército y grupos irregulares.
Desde su perspectiva, los principales responsables del problema de los desplazados son los grupos armados irregulares, pero también reconoce responsabilidad por parte del gobierno colombiano.
"Podemos decir que desde el punto de vista de la efectividad en velar porque los derechos de los ciudadanos se cumplan, el gobierno colombiano está fallando en sus responsabilidades".
Pero no es tarea fácil. Spindler destaca que existen grandes dificultades para resolver el conflicto.
Especialmente cuando se trata de atacar las causas estructurales del problema como la falta de justicia social, el desarrollo y la lucha contra las drogas.
Sin embargo, pese a los esfuerzos, el problema de los desplazados sigue aumentando.
"Lo que está fallando es que nuestros esfuerzos, aunque son importantes, no son suficientes", señala Spindler.
"Mientras siga el conflicto, van a seguir existiendo desplazados".
Desplazados en el mundo
Según un informe de ACNUR publicado este viernes, el número de desplazados internos en el mundo ha crecido desde un total de 19,5 millones de personas en 2004, a cerca de 21 millones el año pasado.
Son personas obligadas a abandonar su hogar por actos de violencia o porque temen por sus vidas.
Terminan convirtiéndose en refugiados en el interior de su propio país, viviendo en precarias condiciones y sin acceso a los servicios más básicos.
Después de Sudán y la República Democrática del Congo, Colombia es el país con mayor número de desplazados.
La organización estima que entre 20 y 25 millones de personas son víctimas de este problema en todo el mundo.
Sin embargo, el informe de ACNUR, reveló que mientras aumenta el número de desplazados internos, baja el número de refugiados a nivel internacional.
En 2005 se produjo un descenso de 11,5% en el número total de refugiados comparado con el año 2004, llegando a 8,4 millones de personas.
La cifra es la más baja en los últimos 26 años.
(http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/international/newsid_5064000/5064598.stm)
Habla una desplazada
Una mujer de 36 años que fue desplazada dos veces por grupos armados le ofreció su testimonio a BBC Mundo. Por razones de seguridad, no publicamos su nombre ni el lugar en el que vive.
Nosotros estábamos inocentes, no esperábamos a nadie porque nosotros somos personas que nos dedicábamos a leer la Biblia... Vivíamos confiando en Dios que a ninguno del grupo le iba a suceder nada.
Hasta cuando llegaron dos hombres y mataron a dos de las compañeras. Ambas eran líderes en la iglesia. Los hombres hicieron de todo... acabaron con la vida de las mujeres. Las perdimos.
Cuando uno ve, es mucho el trauma que carga en la mente... lo que uno vio, nunca se le borra de la mente. Aunque trate de conversar, aunque trate de distraerse...
En el instante en que llegaron los vecinos a darnos auxilio, nos tocó agarrar los pelados y echarlos por delante. Metimos las muertas en hamacas y arrancamos como a las 4:30 pm.
Llegamos al pueblo al otro día, como a las 10:00 am. Solamente con los hijos y los muertos, después de que teníamos tantas cosas.
"No poner las malucas, sino las bonitas"
Lo perdimos todo. Mi marido sembraba en la finca yuca, ñame, maíz, aguacate y yo también por aparte tenía mi cría de gallinas, pavos, cerdo, carnero, chivo. Vivíamos felices y bien, y no como pobres. Gozábamos de lo que la tierra nos brindó. Teníamos ahorros.
Lo perdimos todo. A mí no me importaba si no tenía un peso en el bolsillo porque yo sabía que mis hijos tenían qué comer. Sólo tenía que arrancar ñame, yuca, un plátano, sacrificar una gallina, y ya había. Aquí yo tengo que amanecer con plata en el bolsillo para darle de comer a mis hijos.
Mi marido no hacía más que llorar. Yo a veces lloraba, pero aunque por dentro yo me esté muriendo yo siempre trato de disimular y no le pongo las malucas sino las bonitas. Yo quería que se le pasara el trauma de lo que acababa de ver.
Hasta un día que vino un muchacho y me dijo "¿y usted por qué no pone un puesto en el mercado?" Yo dije que sí, a pesar de que sabía que de un puesto no vivíamos nueve personas.
Yo me sentaba ahí en dos sillas a despachar pero veía que era muy poquito para mantener un hogar. Pero no quería que mi marido se viera alcanzado. Es que aquí los hombres no consiguen trabajo.
"Me va bien"
Un muchacho me prestó cien mil pesos. Me dijo que le tenía que pagar diario, y que de ahí iba a vivir. Yo le dijo que Dios te bendiga. Salí y compré otras cositas y la gente iba llegando al puesto.
Compramos aceite, verduras. Luego le dije a mi marido que montáramos una microtienda. La gente nos colaboraba comprando. Luego compramos un enfriador. Y en este año arreglamos la casa.
Con la microtienda sostengo a mis cinco hijos y a dos niñas que yo crié, y les doy todo. Ahora que nos dieron una capacitación de culinaria aprendimos a hacer pasteles y los vendemos con otras compañeras.
A pesar de todas las dificultades, tengo mi casa, mi negocio, mis niños estudiando, mi hogar es feliz. Y me capacité, en parte para borrar los traumas que tenía en la mente, lo que había perdido trabajando duro. A uno con el amor de Dios le va bien.
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