jueves, septiembre 08, 2005

¿Salvó Katrina a los medios?

Matt Wells
BBC, Los Ángeles


Mientras el presidente de Estados Unidos corre a visitar de nuevo las zonas afectadas por el huracán Katrina, se hace cada vez más evidente que su enfrenta uno de los más grandes retos políticos desde la caída de Richard Nixon en 1970.

Así como sucedió entonces, el buen periodismo es lo que está de fondo sobre lo que viene sucediendo.

Sin embargo, a diferencia de Watergate, el denominado "Katrinagate" se trata de periodismo como un servicio público que expone una verdad de manera continua.

En este caso no hacen falta las reuniones secretas con "Garganta Profunda", pues las cámaras han captado la realidad de lo que estaba pasando en el centro de convenciones de Nueva Orleans, haciendo quedar mal las excusas que eran presentadas por aquellos en cargos públicos.

Por ello, en medio del horror, el periodismo estadounidense podría estar recuperando su espina dorsal, gracias Katrina.

En EE.UU., los reporteros y presentadores de noticias suelen pertenecer a la misma clase social y raza que las personas a las que supuestamente deben cuestionar.

Viven en los mismos suburbios, van a las mismas fiestas y tienen vínculos con los mismos intereses en el mundo de los negocios.

Las grandes corporaciones son dueñas de los canales de noticias, y en Washington muchos políticos se apoyan en estos grupos para financiar sus campañas de reelección en Estados Unidos.

Es la perfecta receta para un periodismo tímido, que además se autocensura, y que no puede competir con la maquinaria de comunicaciones del gobierno de Bush.


Viraje

Pero la semana pasada, la complacencia se acabó y la indignación moral en contra de un gobierno que respondió inadecuadamente empezó a resurgir, incluso por parte de aquellos bien peinados presentadores de noticias que rara vez abandonan sus escritorios en Nueva York o Washington.

El ejemplo más espectacular se produjo el viernes pasado en la cadena Fox, que es reconocida por su línea editorial pro-republicana. De hecho, el canal de televisión, que posee Rupert Murdoch, se identifica como de oposición a "los medios liberales".

Cuando en Nueva Orleans la gente empezó a enfermarse o morir, e incluso sentarse en su propio excremento, el presentador de Fox Shepard Smith le declaró la guerra a la información que se manejaba hasta el momento que sólo reflejaba los saqueos.

En otras estaciones de televisión, como NBC, CNN y ABC, personajes que suelen salir del paso con una sencilla rueda de prensa fueron confrontados por reporteros dispuestos a acabar con la apatía hacia los damnificados.

Las versiones que presentaron los altos funcionarios gubernamentales sobre la asistencia que se estaba prestando a los necesitados, en las entrevistas al aire, fueron inmediatamente desafiadas y expuestas como mentiras o producto de la desinformación.

Y no se necesitaba de un título en periodismo para darse cuenta de esto, sólo el haber visto la televisión horas antes era suficiente para sacar estas conclusiones.


La preocupación Irak

Fue increíble que el pasado viernes el mandatario estadounidense le diese una palmada de felicitaciones al encargado del programa de emergencias de EE.UU., diciéndole que estaba haciendo "un gran trabajo", para luego bañar en halagos a los políticos y funcionarios que claramente estaban fallando.

De hecho, Bush se vio confrontado cuando un reportero que cubría su viaje a Mississippi tuvo la osadía de sugerirle que el hecho de tener un tercio de la Guardia Nacional acantonada en Irak pudo haber mermado la respuesta gubernamental.

Pero esto es algo a lo que, sospecho, tendrá que acostumbrarse de ahora en adelante: la lista de preguntas sin responder es muy larga para poder ser ignorada o escondida.

No sólo han sido la televisión y la radio las que se han quitado los guantes.

Uno de los más fervientes seguidores del gobierno de Bush en el New York Times, David Brooks, también mostró su enojo.

Brooks y otros columnistas están llamando a este desastre natural como el "anti-11 de septiembre".

"La primera regla de una sociedad -cuando hay una crisis se protege a los vulnerables- fue pisoteada", escribió el articulista el pasado domingo.

"Dejar a los pobres en Nueva Orleans fue el equivalente moral a dejar a los heridos en el campo de batalla", agregó.


El futuro

Todavía es muy pronto para determinar si esta situación se convertirá en un verdadero "Katrinagate" para el presidente Bush, por lo que cómo reacciona en las próximas semanas será crucial para su período de gobierno.

Las autoridades han estado en la mira de los estadounidenses, quienes, algunos por primera vez, se han dado cuenta que el colapso de los diques en Nueva Orleans es el resultado de una debilitada infraestructura en todo el país.

Culpar a los estados y funcionarios locales, como intentó Bush, no será suficiente.

Más allá de la tarea inmediata de resolver los problemas de vivienda y educación de los damnificados, habrá un minucioso seguimiento a la comisión que investigará las acciones tomadas luego de Katrina.

La incompetencia que seguramente será expuesta no dejará intacto al comandante en jefe ni su maquinaria que dejó Nueva Orleans diciendo que todo iba a estar bien.

Mucha gente seguía atrapada, hambrienta y muriendo, a menos de una milla de distancia.

El Estados Unidos de raza negra no olvidará las fallas del gobierno, como tampoco lo hará el Golfo de México.

Decenas de miles de electores cuyas vidas han sido destruidas irán a las urnas el año próximo, para los comicios de mitad de período, en el estado adoptivo de Bush: Texas.

La última palabra le corresponde al histórico diario que informa desde el centro del desastre, el New Orleans Times-Picayune, que publicó este fin de semana una carta abierta.

"Estamos indignados señor presidente y lo estaremos por mucho tiempo incluso luego de que nuestra querida ciudad vuelva a estar seca. Nuestra gente merecía ser rescatada, muchos que pudieron ser evacuados, fueron abandonados. Eso es una vergüenza para este gobierno".

http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/forums/newsid_4216000/4216158.stm

miércoles, septiembre 07, 2005

Nueva Orleans

Joaquín José Martínez Sánchez
Eclesia. Madrid.


Acabo de leer un mensaje de Bernabé, un compañero keniata de teología, ya ordenado con los misioneros del Espíritu Santo, que está sirviendo a una comunidad en Houston, Texas. Nos cuenta que la ciudad se está llenando de refugiados/as como resultado del huracán y las inundaciones en los estados del Atlántico sur de USA, especialmente en Nueva Orleans.

Perdonad que este desastre humanitario sea motivo para hacernos recordar las causas de las catástrofes que están afectando a la humanidad más vulnerable desde hace décadas.

Las sequías prolongadas en el África subsahariana, actualmente en Mali, no sólo han hecho muy difícil sobrevivir sino que han forzado todavía más el ciclo de la emigración. Precisamente en Mali se reunieron miles de ONGs en un Foro alternativo durante el acontecimiento mediático del G-8, aunque no nos enterásemos. Es bastante probable que esta representación terrena de la sociedad civil sea más eficaz que las nebulosas celestes del G-8.

Los monzones en el Sudeste asiático son asoladores, cada año con más fiereza. En el Caribe y en Centroamérica los huracanes; en el Pacífico latinoamericano, los ciclones relacionados con el Niño; las inundaciones en Centroeuropa; la sequía en España. Algunos de estos fenómenos son explicables por las contingencias del clima local durante centenares de años; en tal medida eran previsibles y de hecho previstos en muchas culturas. Pero sus efectos se han multiplicado a causa del cambio climático, tanto por el calentamiento de la atmósfera, el deshielo de los polos y la subida del nivel del mar, como por el oscurecimiento terrestre, provocado por la contaminación. Todavía son más graves debido a la acción directa de un sistema económico olvidado de la humanidad a quien debería servir: en vez de fortalecer a los más pobres, los hace aún más vulnerables. La prueba de que podría ser de otro modo es que la catástrofe no afecta a todos/as por igual. Los medios para prevenirla y afrontarla deberían estar al alcance de todos/as.

Sorprende que en USA el huracán Katrina (amigas, qué pesadez al calificar con nombre femenino de "mujer fatal" un fenómeno natural que podría llamarse George) haya provocado un desastre de ese tamaño. Supongo que no se pondrán a perder el tiempo y el sentido con ideas estúpidas sobre la condena de Dios y el castigo de los arcángeles, en boca de Pat Robinson o similares. Quizás decidan tomar en serio la constatación de que ni la administración ni las grandes empresas petroleras o turísticas, ni la pena de muerte en el Sur de USA les protegen de un peligro que es resultado directo del cambio climático: las mareas han desbordado los diques de una ciudad centenaria, como otras muchas en todo el planeta. La miseria mueve a la gente a tomar lo que necesitan para subsistir, aunque lo llamen rapiña y, eso sí, a veces se produzca con violencia. Me parece más grave que la policía mate a diestro y siniestro: ayer, a cinco subcontratistas del cuerpo de ingenieros del ejército.

Si la ingente cantidad de recursos que se han empleado en la 4a. guerra mundial (la tercera fue "fría", ésta sólo recalienta el medio ambiente y las relaciones entre los pueblos) se dirigiera en el futuro a aceptar el protocolo de Kioto y trabajar para que descendieran las emisiones de CO2, junto con otras formas de contaminación, además de colaborar en el desarrollo y la prevención en otros países, seguramente se evitarían otras catástrofes en el futuro. Por ahora, se pueden mitigar sus efectos desastrosos si la solidaridad global es efectiva por medio de la sociedad civil globalizada y se deja coordinar por las Naciones Unidas.

Las iglesias tienen mucho que decir y hacer como miembros activos de la sociedad civil y como testigos insustituibles del amor de Dios Madre-Padre, para que no nos dominen los demonios de la violencia y el miedo, la injusticia sacralizada de cualquier forma. Será más fácil cuando las mujeres sean ministras y cuando la participación esté organizada de modo que los/as laicos/as también seamos "visibles" en la estructura: ya véis que la cooperación y la ayuda humanitaria no depende de partidos ni de una democracia basada en la cooptación y la competencia, sino de una toma de conciencia global que bebe y mana en gran medida de la esperanza creyente. La conciencia viva y la democracia efectiva se orientan a facilitar que todos/as participen de hecho según sus capacidades, que puedan dialogar pacíficamente y llegar a acuerdos realizables sobre los medios y sobre los fines.

¿Tiene la humanidad futuro? ¿Puede la Iglesia reducirse a un club de selectos puritanos seguros de su salvación (o de la condenación de los otros, que es peor), otra casta más que ocupe su lugar junto a quienes predicen el declive de la humanidad y el fin de los días, tomando el sol o la sombra en su cueva dorada?

Incluso los Rolling, a sus sesenta años, se atreven a poner en riesgo los privilegios obtenidos en el Olimpo para denunciar el horror de la era Bush: "You call yourself a Christian I think that you're a hypocrite"

A mí me gustaban más los Beatles y los hyppies que sus "satánicas majestades". Pero habrá que admitir que la edad no es impedimento para denunciar con veracidad profética cómo nos están hundiendo en la miseria en medio de una abundancia verificable, escatológica.

Un abrazo y mucho ánimo a Kileu Barnabás (Bernabé).