miércoles, septiembre 07, 2005

Nueva Orleans

Joaquín José Martínez Sánchez
Eclesia. Madrid.


Acabo de leer un mensaje de Bernabé, un compañero keniata de teología, ya ordenado con los misioneros del Espíritu Santo, que está sirviendo a una comunidad en Houston, Texas. Nos cuenta que la ciudad se está llenando de refugiados/as como resultado del huracán y las inundaciones en los estados del Atlántico sur de USA, especialmente en Nueva Orleans.

Perdonad que este desastre humanitario sea motivo para hacernos recordar las causas de las catástrofes que están afectando a la humanidad más vulnerable desde hace décadas.

Las sequías prolongadas en el África subsahariana, actualmente en Mali, no sólo han hecho muy difícil sobrevivir sino que han forzado todavía más el ciclo de la emigración. Precisamente en Mali se reunieron miles de ONGs en un Foro alternativo durante el acontecimiento mediático del G-8, aunque no nos enterásemos. Es bastante probable que esta representación terrena de la sociedad civil sea más eficaz que las nebulosas celestes del G-8.

Los monzones en el Sudeste asiático son asoladores, cada año con más fiereza. En el Caribe y en Centroamérica los huracanes; en el Pacífico latinoamericano, los ciclones relacionados con el Niño; las inundaciones en Centroeuropa; la sequía en España. Algunos de estos fenómenos son explicables por las contingencias del clima local durante centenares de años; en tal medida eran previsibles y de hecho previstos en muchas culturas. Pero sus efectos se han multiplicado a causa del cambio climático, tanto por el calentamiento de la atmósfera, el deshielo de los polos y la subida del nivel del mar, como por el oscurecimiento terrestre, provocado por la contaminación. Todavía son más graves debido a la acción directa de un sistema económico olvidado de la humanidad a quien debería servir: en vez de fortalecer a los más pobres, los hace aún más vulnerables. La prueba de que podría ser de otro modo es que la catástrofe no afecta a todos/as por igual. Los medios para prevenirla y afrontarla deberían estar al alcance de todos/as.

Sorprende que en USA el huracán Katrina (amigas, qué pesadez al calificar con nombre femenino de "mujer fatal" un fenómeno natural que podría llamarse George) haya provocado un desastre de ese tamaño. Supongo que no se pondrán a perder el tiempo y el sentido con ideas estúpidas sobre la condena de Dios y el castigo de los arcángeles, en boca de Pat Robinson o similares. Quizás decidan tomar en serio la constatación de que ni la administración ni las grandes empresas petroleras o turísticas, ni la pena de muerte en el Sur de USA les protegen de un peligro que es resultado directo del cambio climático: las mareas han desbordado los diques de una ciudad centenaria, como otras muchas en todo el planeta. La miseria mueve a la gente a tomar lo que necesitan para subsistir, aunque lo llamen rapiña y, eso sí, a veces se produzca con violencia. Me parece más grave que la policía mate a diestro y siniestro: ayer, a cinco subcontratistas del cuerpo de ingenieros del ejército.

Si la ingente cantidad de recursos que se han empleado en la 4a. guerra mundial (la tercera fue "fría", ésta sólo recalienta el medio ambiente y las relaciones entre los pueblos) se dirigiera en el futuro a aceptar el protocolo de Kioto y trabajar para que descendieran las emisiones de CO2, junto con otras formas de contaminación, además de colaborar en el desarrollo y la prevención en otros países, seguramente se evitarían otras catástrofes en el futuro. Por ahora, se pueden mitigar sus efectos desastrosos si la solidaridad global es efectiva por medio de la sociedad civil globalizada y se deja coordinar por las Naciones Unidas.

Las iglesias tienen mucho que decir y hacer como miembros activos de la sociedad civil y como testigos insustituibles del amor de Dios Madre-Padre, para que no nos dominen los demonios de la violencia y el miedo, la injusticia sacralizada de cualquier forma. Será más fácil cuando las mujeres sean ministras y cuando la participación esté organizada de modo que los/as laicos/as también seamos "visibles" en la estructura: ya véis que la cooperación y la ayuda humanitaria no depende de partidos ni de una democracia basada en la cooptación y la competencia, sino de una toma de conciencia global que bebe y mana en gran medida de la esperanza creyente. La conciencia viva y la democracia efectiva se orientan a facilitar que todos/as participen de hecho según sus capacidades, que puedan dialogar pacíficamente y llegar a acuerdos realizables sobre los medios y sobre los fines.

¿Tiene la humanidad futuro? ¿Puede la Iglesia reducirse a un club de selectos puritanos seguros de su salvación (o de la condenación de los otros, que es peor), otra casta más que ocupe su lugar junto a quienes predicen el declive de la humanidad y el fin de los días, tomando el sol o la sombra en su cueva dorada?

Incluso los Rolling, a sus sesenta años, se atreven a poner en riesgo los privilegios obtenidos en el Olimpo para denunciar el horror de la era Bush: "You call yourself a Christian I think that you're a hypocrite"

A mí me gustaban más los Beatles y los hyppies que sus "satánicas majestades". Pero habrá que admitir que la edad no es impedimento para denunciar con veracidad profética cómo nos están hundiendo en la miseria en medio de una abundancia verificable, escatológica.

Un abrazo y mucho ánimo a Kileu Barnabás (Bernabé).

lunes, agosto 15, 2005

Money... Money...
Gold... Gold...

Jorge Marcelo Ferro

Inglaterra, 1694. El rey Guillermo no encontraba solución a su problema y cavilaba sobre la forma en que podría realizar una de las acostumbradas y planeadas guerras contra Francia. Las arcas de la corona estaban vacías y el rey no disponía del dinero que tal empresa requería.

Por esos tiempos en Inglaterra brillaba el genio de Newton entre los hombres de ciencia y ya había sido fundada, varias décadas atrás, la Real Sociedad de Ciencias. La preocupación del rey fue planteada ante los asesores y cortesanos del reino, entre los cuales descollaban hombres de gran cultura, cabalistas y aventureros en busca de fortuna...

Fueron esos gentiles hombres a considerar el problema y pronto se presentaron al rey con la genial solución hallada, le dijeron "No problem... su majestad... este es nuestro consejo: Para que su majestad disponga de todo el dinero que desee, no tiene más que seguir los siguientes sencillos pasos:

Primero: Firmar una cédula real autorizando a emitir papel moneda con carácter de exclusividad a favor del grupo de aventureros cortesanos. Se fundaría así el banco de Inglaterra, de capital privado y de sus acciones participarían los ingeniosos cortesanos, y por supuesto el rey y sus familiares.

Segundo: Contra entrega del dinero que el banco de Inglaterra le entregaría al rey, éste firmaría un documento o pagaré a favor del banco por el préstamo otorgado."

El rey tuvo su dinero y pudo hacer su guerra. Los geniales aventureros por su parte se trasladaron a Europa continental, y exhibieron ante las autoridades de las distintas naciones el documento que certificaba que eran acreedores del rey de Inglaterra por una suma millonaria de libras de oro. Ese documento fue utilizado como garantía para la fundación de los diferentes bancos europeos. Claro que sólo a sus asociados le dirían que esa sólida garantía no estaba constituida con oro constante y sonante como todos los que no estaban en el secreto así presumían.

Este tipo de dinero fiduciario, inventado por el ingenio inglés sirvió para financiar cuanta guerra hubo desde entonces... Se le llamó la fórmula Roschild porque fue lord Roschild quien la puso en práctica.

Por el mismo procedimiento se creó la Reserva Federal de USA por la década de 1910. El procedimiento fue monitoreado por los banqueros ingleses que instruyeron a los norteamericanos sobre el correcto funcionamiento de este tipo de maniobras financieras. Claro que fue necesario enmendar la Constitución de USA... Pero eso eran solamente minucias para el decidido grupo de banqueros que se hizo cargo de los destinos del Mundo.


¿Se entiende cuál es el siniestro juego?

El dinero que a la mayoría de la gente tanto le hacen costar poseer, para algunos (los funcionarios y gobernantes) es sólo cuestión de ser amigo de los que fabrican papel pintado (los banqueros sicarios). Se entiende que la gente de bien sufre los efectos de los designios de algún demonio instrumentados por una clase política y dirigencial que es mucho más que ladrona, es corrupta y al servicio e interés propio.

Cuique suum (a cada quien lo suyo)